Son casi las 23:15 hrs. y en el antiguo teatro convertido en bar quedamos aún bastantes personas disfrutando de alguna conversación humana poco trascendente y principalmente -creo- de unos vasos, antaño de vidrio y ahora plásticos, reiteradamente llenos de cerveza o pipeño con helado de piña. En eso llega a nuestra mesa el jóven que nos atiende y amablemente (percepción extraña aquella) nos entrega la cuenta y nos pide pagar, ya que el local está próximo a cerrar. Se cierra a las 23:30 hrs. No sin descontento pero aún sin molestia, pagamos y nos dedicamos a acabar lo que queda en los vasos. La gente comienza a retirarse y el jóven limpia la mesa. Mientras la conversación se apaga comentando nuestra extrañeza por el horario de cierre (es el comienzo de una velada de día viernes), veo a nuestro alrededor como otros clientes de otras mesas reciben sus pedidos... vasos llenos y rostros complacidos. Ingresan un par de sujetos que tras una breve conversación con el jóven garzón, se retiran. Hay quienes deben irse (como nosotros) y hay quienes han podido, por tal vez que desconocida providencia, quedarse y seguir bebiendo.
No sin descontento pero aún molesto, siento que hemos sido corridos y sin más nos retiramos.
Saturday, January 13, 2007
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